Nuestras opiniones sobre los demás nos definen...


Nuestro entorno nos moldea, de eso no cabe duda. Cada persona es un mundo completamente diferente. Cada persona proyecta con sus opiniones lo que lleva por dentro; lo que ha vivido desde su nacimiento. Es fácil hacer juicios con respecto a otros, y más cuando creemos que somos diferentes a ellos. 
La verdad es que todos llevamos por dentro heridas enmarañadas, difíciles de curar, acontecimientos que nos han marcado el alma, palabras que nos han suavizado o maltratado. Todas estas cosas forman el conjunto de ideas, de creencias adquiridas, que nos rigen durante toda nuestra existencia. 

Es por esto que juzgar a los demás no tiene sentido... no tiene sentido porque si nos detuvieramos por un segundo a analizar la situación, a pensar en la razón por la cual tal persona ha hecho o dicho alguna cosa, llegaríamos, probablemente, a las venas de una cicatriz que dicho ser lleva consigo como emblema, muy arraigado en su inconsciente. 


Nuestros juicios hacia lo que vemos fuera de nosotros, no es más que una opinión sobre lo que llevamos dentro. Sé que resulta incoherente esta frase. Sé que al leerla les puede estar causando gracia y quizás piensen que es una tonteria. 

Sin embargo, el sentido detrás de esta premisa es que no podemos hablar de cosas que no hayamos experimentado antes. Es decir, todo cuanto podemos expresar libremente por medio de palabras es porque ya ha sido procesado por nuestro cuerpo en forma de emociones, sensaciones...  

Somos seres humanos emocionales, más que racionales. Cuando emitimos un juicio, lo hacemos creyendo que solo nuestra mente racional está hablando, pero no. Somos un todo. Somos lo que hemos experimentado y es nuestro deber el tratar de que esas experiencias sean cada vez más gratas para así vivir una vida más ligera. 


Lo que expresas de forma oral, siempre tiene una connotación emocional. No podemos desligar la emoción de la razón. Cuando decimos alguna cosa sobre alguien o algo, positiva o no, también estamos hablando de nosotros, de nuestro pasado, y eso que nos hace ser como somos. Procuremos recordar que siempre nos estamos proyectando.

-Palabras Esmeraldas



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